El perfil del genio ¿Quién era Steve Jobs?

No era un ‘cerebrito’ de la programación de software o hardware, sin embargo será recordado entre los nombres más importantes de la industria tecnológica. ‘Piensa diferente‘ no sólo fue un famoso slogan de campaña de Apple, sino parte de la filosofía de vida de Steve Jobs. Y es que su perfil le impedía pensar como un mortal cualquiera: hijo adoptado y que nunca acabó la universidad, con viajes de redescubrimiento espiritual, uno a la India y otro al universo psicodélico del LSD. Así pues la vida Steve nunca estuvo cerca de la simpleza y practicidad de diseño que tenían productos.

En un histórico discurso pronunciado en la universidad de Stanford en 2005, el mismo se refirió a su vida como una serie de conexiones trascendentes. La primera y más importante de ellas sucedió sólo al nacer, cuando el bebé Steve fue dado en adopción por sus padres biológicos, unos jóvenes estudiantes de origen sirio, a la pareja de clase media de Paul y Clara Jobs.

Aquella serie de sucesos todavía inconexos lo cruzaron con Steve Wozniack y luego ambos fundaron Apple en el garage de la casa de los padres de Steve Jobs, en ese entonces con tan solo 21 años. A los 27 ya estaba convertido en el millonario más joven del mundo. En ese trayecto mucho había redefinido su estilo, pasando por un retiro espiritual en la India (que según sus amigos influyó bastante en la personalidad) y su progresiva transformación de hippie nerd a hombre de negocios, eso sí, sin perder el toque original que sólo los genios destinados a cambiar la historia pueden tener.

Ese toque especial de Steve Jobs se puede resumir en su obsesión por el diseño perfecto y minimalista. Si bien nunca llegó a terminar la universidad, se le puede considerar muy cercano a un diseñador industrial. Y es que para Jobs el diseño lo era todo. Al respecto afirmó que “La gente piensa que no es importante, que es una simple decoración de interiores. Para mí, nada es más importante en el futuro que el diseño, es el alma de todo lo creado por el hombre”.

Estos esfuerzos de Jobs fueron capaces de acercar dos mundos tan distantes como el arte y la tecnología. Su obsesión por el acabado perfecto con la utilidad perfecta lo acerca a los grandes inventores de la historia, incluso comparado por muchos al nivel de Thoma Alva Edison.

Los elogios hacia una persona como Jobs sobrán, sobre todo por estos días. Pero los comentarios en contra también. Desde el mito sobre su malhumor y trato hacia sus empleados mezclados con una arrogancia que han hecho de Apple una empresa muy cerrada, poco dispuesta a colaborar con información y conocimiento con otras empresas.

Eso permite descifrar el otro lado de Steve Jobs: un hombre de negocios. El fundador de Apple sabía que sus productos eran buenos, además de bonitos, por eso decidió sacarles el máximo provecho económico, exprimiendo la manzana con precios que muchos consideraron exagerados y que otros muchos aceptaron pagar.

Pero más allá de los altos precios o la gran funcionalidad, los productos de Apple conllevan un nivel de estatus y personalidad propia, algo sólo los productos exitosos y trascendentes pueden lograr. Como una especie de Gepetto tecnológico, Steve Jobs le impregnó alma a sus productos, tal vez su propia personalidad, la de seguir innovando y reinventándose cada día.

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